La Muerte de Superman
Superman 149 nos trae
una historia que empieza de forma totalmente normal para la época. Lex Luthor
preso, encuentra un aerolito entre las rocas que está picando en la cárcel, en
él encuentra el elemento Z, el cual, según el villano, podría ayudarlo a encontrar
la cura contra el cáncer.
Hasta ahí, todo
parece un truco de Luthor para salir de la cárcel, pero lo gracioso es que
encuentra la cura contra el cáncer, se reforma, e incluso Superman le regala un
reloj muy parecido al que había entregado a Jimmy Olsen, porque malhechores
comunes no dejan de atentar contra el ex enemigo por haberlos traicionado, y
no deshacerse del hombre de acero.
Cómo estamos en la
época del auge de la ciencia ficción, Superman decide que Luthor debe
instalarse en un laboratorio flotante en el espacio para seguir con sus
trabajos. Esto, según el último hijo de Krypton, lo mantendría a salvo de los
distintos atentados.
Pero esto no es una
historia de redención, Luthor revela su plan rápidamente, encontró la cura para
el cáncer, los atentados contra su persona fueron ciertos, pero lo que él
buscaba era ganarse la confianza de su archienemigo para matarlo enfrente de
sus amigos (Lois, Jimmy y Perry White).
Ciertamente, Siegel
no buscaba andar de paso, su escritura es brillante, al menos para el momento.
La última parte de la historia es mi favorita, dónde podemos apreciar un poco
más el universo que rodeaba las historias del hombre de acero en ese momento,
vemos a Lana, a Lori Lemaris, obviamente a Lois, pero también a la Legión de
Superhéroes, entre otros.
El arte corre a cargo
de Curt Swan, artista clásico del Superman de la Silver Age, y es correcto,
acorde a la escritura.
No sé si necesito
decirlo, pero esta historia ha sido muy influyente en el historial del hombre
de acero. Mucho de lo que aquí acontece lo vamos a ver en la década del 90, más
estirado y completo, pero pensemos que esta es la versión del contexto de los
años de la Edad de Plata, es decir, una historia auto conclusiva, con apariciones
un poco más a modo de cameo, y la molesta aclaración de que nada ha sucedido, y
que sólo ha sido una pura cuestión de imaginación.
Jerry Siegel, vaya
sorpresa, es de mis escritores favoritos de Superman, y mucho se resumen en
esta historia, la creatividad que explaya en la misma me hace reflexionar que
hubiese pasado si Superman nunca hubiese perdido a su co-creador a fines de la
década de 1940, pero son todas cuestiones contra fácticas. La historia fue como
fue, y tan mala no resultó.



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