Superman Regresa a
Krypton
Superman es el primer superhéroe. Puede discutirse muchísimo esta conclusión,
pero, sin dudas, su primera aparición en 1938 generó una industria que le ha
dado de comer a varios y varias, y sin la misma, nada de los demás hubiese
surgido.
Detrás de una idea tan rompe-esquemas se encontraban dos muchachos de
Cleveland, Jerry Siegel y Joe Shuster. Estos
jóvenes, entusiasmados por ver por fin publicada su obra prima en la editorial de
cómics más prestigiosa (como era la
National en los 1930/40), no pensaron las consecuencias de firmar un cheque de
130 dólares (mucho dinero en el Estados Unidos de la Gran Depresión), cediendo
los derechos de su personaje. Tales fueron las mismas que, diez años después,
perdieron el juicio, y disolvieron su relación profesional para siempre.
Ya en la década de 1950, más bien a fines de la misma, Jerry Siegel se
encuentra sin trabajo, y su esposa, Joanne Carter, le insiste que lo que
realmente quería era volver a trabajar en Superman. Así, la misma Joanne
convenció a Liebowitz (en ese momento, uno de los dueños de la National/DC
Comics) que contrate a su esposo para escribir algunos números, dos de éstos
siguen siendo, a mi parecer, de lo mejor que se ha escrito sobre Superman. Y hoy vamos a hablar de la primera de ellas,
la Superman 141.
La historia comienza con Superman haciendo una patrulla por Metrópolis,
cuando es detenido por un astrónomo que le pide que verifique algo que
descubrió en el cielo, un planeta, el
superhéroe se acerca y descubre que éste está vivo, pero cuando intenta huir,
Superman va demasiado rápido para intentar alcanzarlo, y termina atravesando la
barrera del tiempo y del espacio, llegando a su planeta natal, Kryptón, unos
días antes de su explosión.
Más allá de las emociones que atraviesa, el hombre de acero se encuentra
con dos dilemas. Uno, al estar de vuelta en su lugar de origen, ya no tiene
superpoderes, y teme quedar atrapado en la explosión con el resto de sus coetáneos.
Pero, al mismo tiempo, empieza a intentar salvar al planeta, y a sus seres queridos,
es decir, sus padres (que no tienen conocimiento de que están frente a su
hijo), y la mujer de la cual se ha enamorado, Lyla Lerrol.
Esta historia es una joya. Por un lado, vemos a Superman viviendo entre
su gente, pasando buenos ratos, disfrutando de la vida que jamás pudo vivir,
pero sufriendo porque sabe el futuro que a éstos les espera. Pocas historias de la época ahondan en las
características humanas del personaje, mostrándonos su soledad, la idea de
volver a ser el último de su planeta.
La resolución también es reflexiva. Superman no elige volver a su época
(perdón el spoiler), lo cual nos hace preguntarnos, ¿Hubiera vuelto por propia
voluntad? ¿Cuál habría sido su decisión final, morir junto a sus pares, o
continuar viviendo en soledad?
El arte es de Wayne Borign, artista fundamental de Superman de la época.
Sin ir más lejos, realiza un buen trabajo.
La historia de Siegel sorprendió a los lectores, parecía que el
co-creador, y antiguo escritor en jefe de Superman, no había perdido el
toque. Pronto volvería a sorprender con
otra historia, un par de números más adelante.



