martes, 29 de noviembre de 2022

Superman Vol 1 #141

 

Superman Regresa a Krypton

 


Superman es el primer superhéroe. Puede discutirse muchísimo esta conclusión, pero, sin dudas, su primera aparición en 1938 generó una industria que le ha dado de comer a varios y varias, y sin la misma, nada de los demás hubiese surgido.

Detrás de una idea tan rompe-esquemas se encontraban dos muchachos de Cleveland,  Jerry Siegel y Joe Shuster. Estos jóvenes, entusiasmados por ver por fin publicada su obra prima en la editorial de cómics  más prestigiosa (como era la National en los 1930/40), no pensaron las consecuencias de firmar un cheque de 130 dólares (mucho dinero en el Estados Unidos de la Gran Depresión), cediendo los derechos de su personaje. Tales fueron las mismas que, diez años después, perdieron el juicio, y disolvieron su relación profesional para siempre.

Ya en la década de 1950, más bien a fines de la misma, Jerry Siegel se encuentra sin trabajo, y su esposa, Joanne Carter, le insiste que lo que realmente quería era volver a trabajar en Superman. Así, la misma Joanne convenció a Liebowitz (en ese momento, uno de los dueños de la National/DC Comics) que contrate a su esposo para escribir algunos números, dos de éstos siguen siendo, a mi parecer, de lo mejor que se ha escrito sobre Superman.  Y hoy vamos a hablar de la primera de ellas, la Superman 141.



La historia comienza con Superman haciendo una patrulla por Metrópolis, cuando es detenido por un astrónomo que le pide que verifique algo que descubrió en el cielo, un planeta,  el superhéroe se acerca y descubre que éste está vivo, pero cuando intenta huir, Superman va demasiado rápido para intentar alcanzarlo, y termina atravesando la barrera del tiempo y del espacio, llegando a su planeta natal, Kryptón, unos días antes de su explosión.

Más allá de las emociones que atraviesa, el hombre de acero se encuentra con dos dilemas. Uno, al estar de vuelta en su lugar de origen, ya no tiene superpoderes, y teme quedar atrapado en la explosión con el resto de sus coetáneos. Pero, al mismo tiempo, empieza a intentar salvar al planeta, y a sus seres queridos, es decir, sus padres (que no tienen conocimiento de que están frente a su hijo), y la mujer de la cual se ha enamorado, Lyla Lerrol.

Esta historia es una joya. Por un lado, vemos a Superman viviendo entre su gente, pasando buenos ratos, disfrutando de la vida que jamás pudo vivir, pero sufriendo porque sabe el futuro que a éstos les espera.  Pocas historias de la época ahondan en las características humanas del personaje, mostrándonos su soledad, la idea de volver a ser el último de su planeta.



La resolución también es reflexiva. Superman no elige volver a su época (perdón el spoiler), lo cual nos hace preguntarnos, ¿Hubiera vuelto por propia voluntad? ¿Cuál habría sido su decisión final, morir junto a sus pares, o continuar viviendo en soledad?

El arte es de Wayne Borign, artista fundamental de Superman de la época. Sin ir más lejos, realiza un buen trabajo.

La historia de Siegel sorprendió a los lectores, parecía que el co-creador, y antiguo escritor en jefe de Superman, no había perdido el toque.  Pronto volvería a sorprender con otra historia, un par de números más adelante.

martes, 22 de noviembre de 2022

Detective Comics 226

 

Cuando Batman era Robin

 


A partir de la segunda mitad de la década de 1940, los principales caballitos de batalla de DC Comics, es decir Superman y Batman, estaban en plena ampliación de sus orígenes, merced de un enorme vacío dejado por los años 40, dedicados casi exclusivamente a la Segunda Guerra. Pero hoy vamos a saltar una década más, y vamos a movernos a 1955, casi Edad de Plata, para hablar de la Detective Comics 226, dónde  Edmond Hamilton y Dick Sprang nos van a contar “Cuando Batman era Robin”.

Todo comienza cuando a Batman le llega un paquete con firma de Harvey Harris, lo cual hace preocupar al hombre murciélago. Cuándo el contenido es revelado como un traje similar al de Robin, al encapotado no le queda otra que contar, tanto a su pupilo ahí presente como a los lectores, el detrás de tal correspondencia.


Batman nos relata que, cuando todavía era el niño Bruce Wayne, admiraba a un detective de la policía de Gotham, cuyo nombre era el del remitente del paquete,  por lo tanto, decide ser su pupilo, y crea la identidad de Robin para ocultar su verdadera identidad.

En esta historia no sólo vemos la creación del concepto de “Robin”, sino que descubrimos que Dick Grayson habría sido el segundo en usar dicho nombre, y que el primero hubiera sido ni más ni menos que su mentor.  Pero, además, vemos que la inspiración y deseo de Bruce de ser el mejor detective del mundo no viene a partir de su decisión de combatir el crimen, sino que es algo anterior al trágico asesinato de sus padres, ya que, esta historia transcurre mientras éstos se encontraban de vacaciones. 

El guión de Hamilton tiene sus cosas rebuscadas, pero termina articulando una buena historia, sin sorpresas, pero destaca entre tanta falta de creatividad que había en las historias de Batman de la época.  Mientras que, el dibujo de Sprang es hermoso, sin dudas, lo más destacable.



Para finalizar, hay que decir que esta historia, al menos para un guionista, no paso desapercibida, y el concepto de “legado” que vemos implícitamente en esta obra (de Harris a Bruce y, quizás en un futuro, de éste a Dick), volvería a verse casi al instante, pero esta vez se iba a hablar de “Batman”, y el escritor iba a ser su co-creador: Bill Finger.

martes, 15 de noviembre de 2022

Batman vol 1 78 (1953) / Detective Comics 225 (1955)

 

El Marciano de Marte

Estamos en 1953, en ese ínterin sin nombre entre las edades de Oro y de Plata, Batman no está en su mejor momento, en el número 78 de la revista que lleva su nombre, un personaje particular aparece, una especie de Detective de Marte…  ¡PARÁ!, aunque parezca algo ilógico, aquí tenemos la primera aparición de Roh Kar (Rocar según Novaro),  el Detective Marciano (Martian Manhunter) de Tierra 2.  No nos engañemos, es obvio que esto fue una decisión posterior de Dios sabe quién (bah, yo no lo sé), pero la mención corresponde porque, entre la aparición de este personaje y el que hoy nosotros conocemos como el Marciano de Marte, pasaron solamente dos años, ¿coincidencia o influencia?



La cuestión es que Roh Kar es un detective enviado del planeta rojo para ayudar a Batman y a Robin a capturar a The Stranger (Misterio en la traducción mexicana),  fugitivo que planea una invasión a gran escala con armas de la Tierra, las cuáles roba en Gotham, dejando perplejos a los policías. Batman y el Detective de Marte lo capturan, éste último se lo lleva a su planeta natal, fin. Nunca más lo volvemos a ver, al menos  en la Pre-Crisis.

Pero yo se que ustedes quieren que yo hable de J’onn J’onzz, el marciano aparecido en la Detective Comics 225, el que fue creado por Joseph Samachson , Jack Miller y Joe Certa.  Más allá del título de la revista, estamos más cerca de la Silver Age, en noviembre de 1955, y la ciencia ficción domina absolutamente el comic book estadounidense.  Dicho esto, el Detective Marciano podría ser, según algunos lo es, el primer superhéroe de la misma, pero esta teoría es difícil de aceptar, creo yo, por un tema de época (sin la búsqueda de re-instalar el concepto de superhéroes en los comics), que considera al marciano un personaje más “ciencia ficcionero(?)” que superheroico.

La historia es entretenida para la época. Un científico de apellido  Erdel crea una maquina a la que él llama “cerebro robot”, con ella, busca explorar otros mundos y dimensiones. Sin embargo, lo que ocasiona el ponerla en funcionamiento, es la transportación de un ser verde y extraño, que le dice rápidamente al doctor que entiende su idioma a raíz de leer sus pensamientos. Luego le dice que es J’onn J’onzz (Julio Jordán para los de Novaro), que es un científico de Marte, y que quiere regresar a casa.



El científico dice que no puede hacer eso, al menos no en ese momento, ya que tendría que alterar su máquina, algo que le llevaría años. Pero se ve que había que buscar la manera de establecer definitivamente al marciano en la Tierra (ya su “otro yo” se había escapado en 1953), y el Dr Erdel sufre un infarto y muere, dejándolo abandonado.

Ahí el Martian Manhunter (alguna vez lo iba a tener que nombrar en inglés), decide que nuestro planeta está atrasado, comparando con su Marte natal, y dónde más se nota esto es en los crímenes ocurridos en el día a día, así que se convierte en detective de la policía, y comienza a asustarse de sus compañeros, ya que, todos fuman, y su única debilidad es el fuego.

Cómo ven, es una historia de origen, sencilla, sin vueltas y que presenta bien al personaje. En estas primeras historias, J’onn es un “prisionero” en la Tierra que, mientras busca la forma de volver a su Marte natal, utiliza sus poderes para resolver casos criminales como detective.

El arte de Certa es, a falta de una mejor palabra, particular. No es atractivo para nada, pero, su Martian Manhunter, es mejor que él que dibujaran en las primeras épocas de la Liga de la Justicia. Para la época, es un arte promedio.



martes, 8 de noviembre de 2022

Showcase Vol 1 #4 (1956)

 

¡El misterio del rayo humano!



La Silver Age es una de las épocas más importante de la historia del comic book estadounidense. Pensemos un momento en todo lo que se logró en el período, más o menos, comprendido entre 1956 y 1970: el formato de 22 páginas, el crédito a los artistas de cada una de estas historias, la caracterización de los personajes (al menos en su mayoría), los grupos de superhéroes abundaban a lo pavote, entre otras cosas[1]

Y, al menos oficialmente, todo empezó con las historias que vamos a ver hoy, las que traía el Showcase número 4 de octubre de 1956. En la primera historia se nos presentaba a Barry Allen, un científico de la policía que pasa sus ratos libres leyendo a Flash, al Flash de la década de 1940, queriendo saber que se sentiría ser dicho personaje. Termina de decir esto último, se levanta para seguir trabajando con sus químicos, y un rayo entra por la ventana, impacta sobre dichas sustancias, y sobre el protagonista, que es bañado por las mismas. Aún confundido, sale de su trabajo, corre un taxi para no llegar tarde, y descubre que lo ha sobrepasado, después, salva a su novia Iris de recibir una bala en su cabeza, capturándola con la mano.



¿Qué estamos viendo? El nacimiento de una clase distinta de superhéroe.  Barry no es un héroe musculoso y  fortachón; no es un periodista, o un millonario; Barry es un hombre de ciencia, y sus superpoderes vienen por esta vía. Además, este nuevo protagonista tiene un modelo a seguir, su héroe de las revistas, el nuevo superhéroe va a respetar el legado del cuál toma nombre. Sus poderes son distintos, pero su sentido de justicia es el mismo, y su inteligencia es mayor. Me quedo con lo que Morrison señala[2]  cuando menciona que este es el superhéroe “Kennedy”, o el héroe astronauta, lleno de confianza en sí mismo, y más carilindo que sus contraparte de los ’40.

El disfraz, siendo uno de los mejores rediseños de la industria de superhéroes, merece su párrafo aparte. Utilizando el ejemplo de los botes de caucho de los aviones de la Marina, Barry nos dice que, mediante una solución química, ha logrado achicar su traje lo suficiente para que quepa en un anillo, permitiéndole no tener que llevarlo por debajo de su ropa. Otra vez, el superhéroe “Kennedy” se vale de sus conocimientos sobre ciencia para diferenciarse de su predecesor de los años de la Segunda Guerra Mundial.

El nuevo Flash no fue un éxito absoluto, pero si convenció a la DC cómics de que era el momento de volver a los superhéroes, a aquéllos personajes de los años 40, pero renovados, con diferentes rostros detrás de las máscaras, y una nueva herramienta para explotar: la ciencia.  Detrás de todo se encontraba Julius Schwartz, quién es un nombre clave para este período, pero no estuvo sólo, las dos historias que presentaron a Barry fueron escritas por Robert Kanigher y John Broome (dos guionistas que se habían pulido  con los superhéroes a fines de los ’40) y  dibujadas por Carmine Infantino y Joe Kubert, quiénes poseían el mismo curriculum.



En síntesis, estamos ante una historia necesaria para entender al nuevo modelo, el que dominará el mercado de superhéroes por los próximos treinta años. Barry Allen es un nombre clave, sus historias convirtieron a Flash en el personaje favorito de muchos, e inspiraron a miles de futuros guionistas y artistas de la propia editorial, y de editoriales ajenas. El Showcase número 4 es considerado el puntapié inicial de la Edad de Plata, tal proeza no es casualidad.



[1] Comiqueando N°38; Comiqueando Press; marzo 1999págs. 14-16;

[2] Morrison, Grant; SuperGods: héroes, mitos y historias del cómic; Turner Publicaciones; pág. 74

martes, 1 de noviembre de 2022

The Brave and The Bold #28 (1960)

 

Starro el Conquistador!






1960. Ya hace seis años que el Comics Code Authority está regulando el contenido de los comic book estadounidenses, y hace cuatro años que, al menos oficialmente, los superhéroes están volviendo a poblar las viñetas.

El hombre detrás del regreso de conceptos como Flash, Green Lantern y, de lo que vamos a dedicarnos hoy, es Julius Schwartz, un editor que ya trabaja para DC, pero que será el encargado de relanzar viejos conceptos, pero con nuevos personajes y orígenes tras las máscaras. Dónde había magia, ahora hay ciencia, dónde estaba Jay Garrick, ahora esta Barry Allen.

Pero hoy no vamos a hablar de individuos, sino de otro concepto que Schwartz se animará a relanzar, ya un poco más confiado tras algunos éxitos,  el grupo de superhéroes.


La legendaria Justice Society of América (JSA) de los años 40 había marcado a fuego dicha época, y el editor quería algo parecido. Cambiando el nombre “Sociedad” por “Liga”; utilizando personajes clásicos, como Superman, Batman y Wonder Woman; nuevos personajes, los ya renovados Flash y Green Lantern; y personajes back-ups; como Aquaman y el Detective Marciano (Martian Manhunter); el éxito de la renovación de los superhéroes iba a alcanzar su cúspide más alta, al menos en DC, por el resto de la Silver Age.

El lugar para exhibir la nueva aleación fue The Brave and The Bold, una revista, originalmente planeada para contar historias del pasado, pero que hacía poco que había cambiado su contenido, apuntando a probar nuevos conceptos y personajes. En el número 28 de dicha gaceta, la Liga tendría su presentación, no así su primera aventura, al menos no para sus miembros. Así, vemos a Aquaman, no sólo comunicándose con los demás miembros mediante dispositivos de señalización, sino que el grupo ya tiene protocolos y cuartel general.

Schwartz siguió con uno de sus guionistas base, Gardner Fox, creador de la JSA, que no dudo ni por un minuto en repetir la misma fórmula: presentar el conflicto y a los personajes, dividir al equipo en aventuras individuales, y reunirnos al final. A pesar de reiteración, es bueno para el desarrollo de la historia que no se gasten páginas en explicarnos quiénes son estos personajes, y de dónde vienen. Sólo hay 26 páginas, y el veterano guionista sabe que el punto fuerte es la historia simple y directa.



Otro punto a destacar en el guión es que, a pesar de venderlos como miembros, Superman y Batman se ausentan de la aventura principal. La verdadera razón era  que sus editores, Mort Weisinger  y Jack Schiff, respectivamente, no querían arriesgarse a que los personajes pasen a vender menos en sus respectivos títulos. Pero Fox aprovechó esto para mostrar más de los personajes menos populares de la DC, y darles mayor protagonismo por fuera de sus publicaciones en solitario.

Con respecto al villano, es decir, Starro el Conquistador, responde a uno de los típicos villanos de esta primera época de la Liga: el alienígena conquistador. Pero hay que decir que, a diferencia de muchos, la estrella de mar había llegado para quedarse. Además, el método para vencerlo es más estratégico y científico  que simplemente molerlo a golpes. Obviamente, al final, el equipo debe mostrar que la unión  genera la victoria, sino, ¿Para qué están juntos?

Hablemos de Snapper Car, la mascota del grupo (no es broma). Snapper, llamado así por su tendencia a chasquear sus dedos (Snapper significa chasqueador en inglés), responde al modelo del “acompañante joven” que debía acompañar al superhéroe. Si bien es cierto que miembros del grupo, como Flash, tenían ya sidekick, Schwartz, Fox, o quizás los propios jerarcas de la editorial, decidieron que la Liga tuviera uno propio, original, y sin relación con ninguno de ellos individualmente. Así, el joven es habitante de Happy Harbor (no es broma), una de las ciudades que Starro invade, y resultar ser el único que no es hipnotizado por el invasor, ya que, tiene la clave, indirectamente, para vencerlo.

El arte corre por cuenta de Mike Sekowsky en los dibujos Y Bernard Sachs en las tintas, salvo la parte de Flash a cargo de Frank Giacoia. Realmente, nada a destacar, Sekowsky cumple con presentar a todos los personajes sin que se pierda el hilo narrativo, pero su dibujo no es nada atractivo.

Concluyendo, tenemos otra historia modelo de los comienzos de la Silver Age de DC Cómics. Dónde viejos conceptos se reformulaban, dónde  la mayoría de los guionistas de la década anterior seguían siendo los más confiables a la hora de obtener éxitos en ventas, el arte seguía anclado y los nuevos personajes aún no se habían afianzado. Pero, también, tenemos bases; la ciencia sustituyendo a la magia, nuevos rostros sustituyendo a los viejos y los invasores espaciales a los nazis.

La Liga de la Justicia de América (Justice League of América) va a ser una de las bases de la editorial por los siguientes veinticinco años. Decir que esta historia, por su notorio paso del tiempo, es algo para dejar pasar, es una ofensa.