martes, 25 de octubre de 2022

Amazing Fantasy número 15

 

¡Spiderman!



En 1962, el guionista y editor Stan Lee seguía probando ideas para la renovada editorial de su primo político Martín Goodman, Marvel Comics.  Sin embargo, el nuevo concepto de Lee, un superhéroe con poderes de araña, no convence del todo al presidente.  Sacando que La novedad era nula, ya habían existido personajes con poderes arácnidos, las justificaciones de Goodman van por el lado de las novedades que el guionista quería agregarle, con lo cual, se tuvo que conformar con un espacio en el último número de la revista Amazing Fantasy número 15.

Pero hay dos cuestiones que demostraron rápidamente que Goodman estaba equivocado. La primera pasa por el arte, ya que, los bocetos presentados por Jack Kirby, colaborador habitual de Lee, no convencen al guionista, Stan no quiere un “Capitán América arácnido”, busca algo distinto, y se encuentra con Steve Ditko, que entiende a la perfección la segunda cuestión, el nuevo superhéroe no debía seguir los parámetros ya establecidos.



Antes de 1962, los modelos de superhéroes eran Superman y Batman; hombres adultos, musculosos, poderosos, y que no tenían problemas identificables para el lector.  Y es que, en un momento en dónde la juventud estaba empezando a tomar protagonismo en el contexto social de la época, Stan quiere romper con la idea de que los adolescentes sólo servían como aprendiz del superhéroe adulto, para ponerlos en el centro de la historia, y más aún, el protagonista no iba a ser un “Archie superheroico”, sino que iba a ser un joven tímido, inteligente y víctima de acoso por sus compañeros.  La novedad de Spiderman no era el héroe, sino su alter ego: Peter Parker.

“Sólo porque es un héroe y tiene superpoderes no significa que no tenga problemas” le decía Lee a la BBC en 2005, y eso es lo que vemos en Peter, el adolescente de 15 años, ya llego de dudas y problemas, tiene que sumar una responsabilidad más, la de ser un superhéroe.

Otra novedad que Lee y Ditko le agregan al personaje es el tema del aprendizaje. El superhéroe no sabe todo desde un principio, se va construyendo, va aprendiendo, y puede equivocarse como cualquier ser humano. Spiderman no se vuelca al heroísmo porque entiende rápidamente su rol y responsabilidad al ser beneficiado con poderes, tiene que atravesar un baño de realidad, una tragedia, la muerte de su tío Ben, que a pesar de no haberlo provocado de forma directa, le rebela la importancia de las decisiones y acciones del individuo para el entorno social que le rodea.

Finalizando, el diseño de Ditko, con una máscara que oculta todo rasgo facial de Peter, permite mayor identificación con el lector, el famoso “todos/as podemos ser Spiderman”. Pero el arte destaca también por las distintas posiciones adoptadas por el arácnido, cuestión que con la partida del co-creador, se perdería hasta mucho tiempo después.



Creo que ya quedó establecida la importancia de este comic para la Silver Age en la que estamos. Termina con modelos “normalizados”, y reproducidos hasta el hartazgo, logró mayor acercamiento con los y las lectores/as, y abrió las puertas a nivel internacional para la editorial.

Hoy si pensás en Marvel, pensás en Spiderman. Nada es casualidad.

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