martes, 1 de noviembre de 2022

The Brave and The Bold #28 (1960)

 

Starro el Conquistador!






1960. Ya hace seis años que el Comics Code Authority está regulando el contenido de los comic book estadounidenses, y hace cuatro años que, al menos oficialmente, los superhéroes están volviendo a poblar las viñetas.

El hombre detrás del regreso de conceptos como Flash, Green Lantern y, de lo que vamos a dedicarnos hoy, es Julius Schwartz, un editor que ya trabaja para DC, pero que será el encargado de relanzar viejos conceptos, pero con nuevos personajes y orígenes tras las máscaras. Dónde había magia, ahora hay ciencia, dónde estaba Jay Garrick, ahora esta Barry Allen.

Pero hoy no vamos a hablar de individuos, sino de otro concepto que Schwartz se animará a relanzar, ya un poco más confiado tras algunos éxitos,  el grupo de superhéroes.


La legendaria Justice Society of América (JSA) de los años 40 había marcado a fuego dicha época, y el editor quería algo parecido. Cambiando el nombre “Sociedad” por “Liga”; utilizando personajes clásicos, como Superman, Batman y Wonder Woman; nuevos personajes, los ya renovados Flash y Green Lantern; y personajes back-ups; como Aquaman y el Detective Marciano (Martian Manhunter); el éxito de la renovación de los superhéroes iba a alcanzar su cúspide más alta, al menos en DC, por el resto de la Silver Age.

El lugar para exhibir la nueva aleación fue The Brave and The Bold, una revista, originalmente planeada para contar historias del pasado, pero que hacía poco que había cambiado su contenido, apuntando a probar nuevos conceptos y personajes. En el número 28 de dicha gaceta, la Liga tendría su presentación, no así su primera aventura, al menos no para sus miembros. Así, vemos a Aquaman, no sólo comunicándose con los demás miembros mediante dispositivos de señalización, sino que el grupo ya tiene protocolos y cuartel general.

Schwartz siguió con uno de sus guionistas base, Gardner Fox, creador de la JSA, que no dudo ni por un minuto en repetir la misma fórmula: presentar el conflicto y a los personajes, dividir al equipo en aventuras individuales, y reunirnos al final. A pesar de reiteración, es bueno para el desarrollo de la historia que no se gasten páginas en explicarnos quiénes son estos personajes, y de dónde vienen. Sólo hay 26 páginas, y el veterano guionista sabe que el punto fuerte es la historia simple y directa.



Otro punto a destacar en el guión es que, a pesar de venderlos como miembros, Superman y Batman se ausentan de la aventura principal. La verdadera razón era  que sus editores, Mort Weisinger  y Jack Schiff, respectivamente, no querían arriesgarse a que los personajes pasen a vender menos en sus respectivos títulos. Pero Fox aprovechó esto para mostrar más de los personajes menos populares de la DC, y darles mayor protagonismo por fuera de sus publicaciones en solitario.

Con respecto al villano, es decir, Starro el Conquistador, responde a uno de los típicos villanos de esta primera época de la Liga: el alienígena conquistador. Pero hay que decir que, a diferencia de muchos, la estrella de mar había llegado para quedarse. Además, el método para vencerlo es más estratégico y científico  que simplemente molerlo a golpes. Obviamente, al final, el equipo debe mostrar que la unión  genera la victoria, sino, ¿Para qué están juntos?

Hablemos de Snapper Car, la mascota del grupo (no es broma). Snapper, llamado así por su tendencia a chasquear sus dedos (Snapper significa chasqueador en inglés), responde al modelo del “acompañante joven” que debía acompañar al superhéroe. Si bien es cierto que miembros del grupo, como Flash, tenían ya sidekick, Schwartz, Fox, o quizás los propios jerarcas de la editorial, decidieron que la Liga tuviera uno propio, original, y sin relación con ninguno de ellos individualmente. Así, el joven es habitante de Happy Harbor (no es broma), una de las ciudades que Starro invade, y resultar ser el único que no es hipnotizado por el invasor, ya que, tiene la clave, indirectamente, para vencerlo.

El arte corre por cuenta de Mike Sekowsky en los dibujos Y Bernard Sachs en las tintas, salvo la parte de Flash a cargo de Frank Giacoia. Realmente, nada a destacar, Sekowsky cumple con presentar a todos los personajes sin que se pierda el hilo narrativo, pero su dibujo no es nada atractivo.

Concluyendo, tenemos otra historia modelo de los comienzos de la Silver Age de DC Cómics. Dónde viejos conceptos se reformulaban, dónde  la mayoría de los guionistas de la década anterior seguían siendo los más confiables a la hora de obtener éxitos en ventas, el arte seguía anclado y los nuevos personajes aún no se habían afianzado. Pero, también, tenemos bases; la ciencia sustituyendo a la magia, nuevos rostros sustituyendo a los viejos y los invasores espaciales a los nazis.

La Liga de la Justicia de América (Justice League of América) va a ser una de las bases de la editorial por los siguientes veinticinco años. Decir que esta historia, por su notorio paso del tiempo, es algo para dejar pasar, es una ofensa.



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