¡El
misterio del rayo humano!
La Silver Age es una de las
épocas más importante de la historia del comic book estadounidense. Pensemos un
momento en todo lo que se logró en el período, más o menos, comprendido entre 1956 y 1970: el formato de 22 páginas, el crédito a los artistas de cada
una de estas historias, la caracterización de los personajes (al menos en su
mayoría), los grupos de superhéroes abundaban a lo pavote, entre otras cosas[1]
Y, al menos oficialmente, todo empezó con las historias que vamos a ver
hoy, las que traía el Showcase
número 4 de octubre de 1956. En la
primera historia se nos presentaba a Barry
Allen, un científico de la policía que pasa sus ratos libres leyendo a Flash, al Flash de la década de 1940,
queriendo saber que se sentiría ser dicho personaje. Termina de decir esto
último, se levanta para seguir trabajando con sus químicos, y un rayo entra por la ventana, impacta
sobre dichas sustancias, y sobre el protagonista, que es bañado por las mismas.
Aún confundido, sale de su trabajo, corre un taxi para no llegar tarde, y descubre
que lo ha sobrepasado, después, salva a su novia Iris de recibir una bala en su cabeza, capturándola con la mano.
¿Qué estamos viendo? El nacimiento de una clase distinta de superhéroe. Barry no es un héroe musculoso y fortachón; no es un periodista, o un
millonario; Barry es un hombre de
ciencia, y sus superpoderes vienen por esta vía. Además, este nuevo
protagonista tiene un modelo a seguir,
su héroe de las revistas, el nuevo superhéroe va a respetar el legado del cuál toma nombre. Sus poderes son distintos,
pero su sentido de justicia es el mismo, y su inteligencia es mayor. Me quedo
con lo que Morrison señala[2] cuando menciona que este es el superhéroe “Kennedy”, o el héroe astronauta, lleno
de confianza en sí mismo, y más carilindo que sus contraparte de los ’40.
El disfraz, siendo uno de los
mejores rediseños de la industria de superhéroes, merece su párrafo aparte.
Utilizando el ejemplo de los botes de caucho de los aviones de la Marina, Barry
nos dice que, mediante una solución
química, ha logrado achicar su traje lo suficiente para que quepa en un
anillo, permitiéndole no tener que llevarlo por debajo de su ropa. Otra vez, el
superhéroe “Kennedy” se vale de sus
conocimientos sobre ciencia para diferenciarse de su predecesor de los años de
la Segunda Guerra Mundial.
El nuevo Flash no fue un
éxito absoluto, pero si convenció a la DC
cómics de que era el momento de volver a los superhéroes, a aquéllos
personajes de los años 40, pero renovados, con diferentes rostros detrás de las
máscaras, y una nueva herramienta para explotar: la ciencia. Detrás de todo se encontraba Julius Schwartz, quién es un nombre
clave para este período, pero no estuvo sólo, las dos historias que presentaron
a Barry fueron escritas por Robert
Kanigher y John Broome (dos
guionistas que se habían pulido con los
superhéroes a fines de los ’40) y
dibujadas por Carmine Infantino
y Joe Kubert, quiénes poseían el
mismo curriculum.
En síntesis, estamos ante una historia necesaria para entender al nuevo modelo, el que dominará el
mercado de superhéroes por los próximos treinta años. Barry Allen es un nombre clave, sus historias convirtieron a Flash en el personaje favorito de
muchos, e inspiraron a miles de futuros guionistas y artistas de la propia
editorial, y de editoriales ajenas. El Showcase
número 4 es considerado el puntapié inicial de la Edad de Plata, tal proeza no es casualidad.
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